BIENVENIDO AL MUNDO DE LOS SUEёOS, DE LAS HISTORIAS QUE NACEN DE LA VIDA COTIDIANA, LA SOLEDAD Y LA FANTASÍA

30 octubre, 2005

REENCUENTRO


Al anochecer, Pablo camina y recuerda como conoció a María. Había dejado de llover y la ciudad tenía un olor a pavimento mojado que le traía recuerdos..
Se sentía solo en Concepción, lejos de la Capital, sin su familia ni amigos. Vivir en una pensión, fría y húmeda no mejoraba las cosas, por eso decidió salir hacia el centro de la ciudad.
De pronto se encontró en la calle Orompello, en ese prostíbulo, y al ver a María, le conmovieron sus ojos tristes y su sonrisa franca.
Ella lo llevó a su habitación y después de cobrar su tarifa, empezó a desvestirse. Pablo le pide que se detenga, que sólo quiere conversar.
María no entiende que hace un joven universitario, alto rubio , de bellos rasgos, poseedor de un cuerpo atlético y una gracia natural en sus movimientos y en su voz, buscando una prostituta.
Pablo le explica que se siente solo, que añora su vida santiaguina, que no conoce a nadie en esa ciudad, con la excepción de un compañero de universidad, al que ha seguido hasta una lúgubre pensión, para no estar solo.
María se conmueve, descubre que dentro de ese magnífico ejemplar, habita un ser delicado y frágil, un ser espiritual con gran amabilidad y poco acostumbrado a la crudeza de la vida.
Ella sintoniza con el momento y saca a relucir sus penas, le cuenta por qué se dedica a la prostitución, le muestra fotografías de su hijo, que vive con la abuela, en un pueblito retirado de la ciudad, al que sólo ve un lunes al mes, ocasión que aprovecha para llevarle regalos y dinero.
En un momento son dos almas hermanadas por la tristeza y la soledad.
Pablo confiesa sus sueños de irse lejos, a un país europeo, donde todos sean altos y rubio como él, para que nadie lo trate como bicho raro.
Pablo recuerda con gran pena, que días antes, viniendo en un pequeño y destartalado bus desde Talcahuano, en una parada, un hombre pequeño y muy moreno, al bajar gritó: - Los chilenos somos todos negros "conchetumadre".
María confiesa sus sueños de vivir en Santiago, educar a su hijo y tener un trabajo que merezca el respeto de éste.
Entre sueños y lágrimas compartidas se les va la noche, al amanecer se despiden con un abrazo fraterno.
Han pasado dos semanas desde aquel encuentro y después de varias postergaciones, ha decidido ir donde María. Piensa quer ella se alegrará mucho de verlo.
Es que tiene una complicidad, un vínculo, forjado en la trizteza mutua y en los secretos compartidos.
Llega al prostíbulo y pregunta por María. ¿Está ocupada la María? grita hacia adentro en voz alta, el hombre de la recepción. ¡No! cotesta una voz femenina.
Después de un rato aparece María, Pablo la ve acercarse y recién repara en su belleza, es una prostituta joven y de bello cuerpo, pechos redondos y firmes, hermosas pantorrillas, cabello negro, brillante.
Ella lo ve y sonríe, lo toma de la mano y lo conduce a su habitación. Una vez allí, pablo se acerca y la abraza, María retrocede, al tiempo que dice: -Págame primero-
No tengo dinero esta vez dice Pablo.
María se molesta, con frialdad argumenta que si no hay dinero no hay encuentro, que se vaya, de lo contrario llamará a un hombre para que lo saque de allí.
Pablo calla, a los gritos, un hombre golpea la puerta y pregunta:- ¿Hay problemas?- María responde que no, pero que acompañe al jovencito hasta la puerta.
Llevado del brazo, Pablo sale y se aleja del prostíbulo, camina por las calles como un sonámbulo. Deja atrás el centro de la ciudad y enfila por Castellón. Empieza a lloviznar, lluvia y lágrimas se confunden en su rostro.

16 octubre, 2005

LA HORA DE PESSOA, EL DIABLO Y SUS AMIGOS


Hace unas semanas, un viernes a eso de las veintitrés horas, desperté con mucha sed, me levanté al baño y bebí directamente del grifo. Al volver a mi habitación, pegado a la ventana, por fuera, un individuo, vestido de rojo, flotaba en el aire. Se pueden imaginar mi pavor al ver semejante escena. Mi primera reacción fue gritar y salir corriendo. Justo cuando empezaba a bajar las escaleras, escuche una voz que me decía "No tengas miedo, no he venido a hacerte daño" Me devolví a mi cuarto y cuál fue mi sorpresa al ver a la figura de rojo, atravesar el vidrio, como si éste fuese de agua. Es probable que lo que te diga te infunda temor -dijo- soy el Diablo, acto seguido hizo un pase mágico y sus ropas fueron de fiesta, traje gris azulado camisa, corbata.

Mucho se ha hablado de mí, comentó, sin embargo no soy lo que han escrito y contado, simplemente soy lo que no es, o si prefieres, lo que en tus sueños es.
Pensé en llamar a mis hijos (vivo con cuatro, cuyas edades fluctúan entre los dieciséis y los veintidós años), al tiempo que recordé que salen los viernes en la noche y no regresan hasta la madrugada.

Sólo quiero que tengamos una fiesta con algunos amigos que he invitado, si no te molesta por cierto -Argumentó el Diablo- Antes de poder elaborar una respuesta, se abrió la puerta del baño y apareció un garzón trayendo una mesa con ruedas, cargada de botellas de licor, vasos, copas, hielo, seguido por una mujer con delantal de cocinera, empujando otra mesa, cargada de bandejas con los más deliciosos canapés, tortas y comidas.
No me reponía de la sorpresa cuando sonó el timbre, vaya a abrir -dijo el Diablo- es un amigo. Bajé las escaleras corriendo, en la planta baja, esquivé a la señora del delantal y al garzón con sus mesas, que mágicamente ya estaban allí, abrí la puerta, un hombre distinguido con el sombrero en la mano. Soy el Dr. Ricardo Reis- dijo- mientras sonreía delicadamente. He recibido esta invitación con carácter de urgente-añadió- ¡Doctor! Dijo el diablo- Dejó usted su exilio?
Tratándose de una fiesta, con tan interesantes y queridos invitados, no podía faltar, además, me ha dicho usted que nuestro anfitrión gusta de la poesía. Cuando advertí que se refería a mí, una sensación ambigua me invadió, la que sólo fue interrumpida por el timbre.
Ante mi estupefacción, el Diablo abrió la puerta y dio la bienvenida al hombre menudo con apariencia simple. ¡Adelante Maestro! le estábamos esperando. Gracias dijo el hombre, me ha costado dejar la quinta, la ciudad me embota los sentidos, y usted sabe que para mí la simplicidad, la serenidad y nitidez es lo más importante. Dirigiéndose a mi, señaló: Soy Alberto Caeiro, gracias por la invitación, sin embargo quiero que sepa que estoy acá por encontrarme con algunos discípulos, porque no gusto de las fiestas, espero que me perdone la franqueza. No supe que contestar, deslumbrado por sus ojos azules, le extendí la mano y pude advertir que la suya, era la mano de un hombre de trabajo, a diferencia del Doctor.

La atención del garzón fue inmediata, sirvió copas y bocadillos. Al llevarme la copa a los labios, escuché el timbre, fui a abrir la puerta, ¡Hola! exclamó el visitante, extendiéndome la mano. Mientras lo saludaba, escuché al Diablo decir: Ingeniero, que gusto de verlo. El Ingeniero sin dejar de mirarme dijo:- Álvaro de Campos, para servirle- y se dirigió hasta el maestro Alberto Caeiro, le abrazó y se sentó a su lado, ambos se enfrascaron en una conversación que casi no pude escuchar, sólo entendí conceptos como: sensacionismo, futurismo, interseccionismo y algo así como no tener filosofía alguna.

Después de varias copas y poesía, cuando pensaba que no había más invitados, escuche al Doctor preguntar: ¿vendrá Don Fernando? Por supuesto, dijo el Diablo, está por llegar, y dirigiéndose a mí, agregó:- Suba, quítese el pijama y póngase ropa bonita, que ya llega el invitado de honor.
Al volver a la sala, con mi pantalón negro de paño y camisa blanca, me presentaron a Fernando Pessoa, diciendo: -Usted deseaba conocerlo, lo manifestó en más de un sueño. Si, contesté, lo he deseado hace mucho tiempo.

Después, más copas, conversación y poesía. Durante la noche fueron llegando otros invitados. Llegó Antonio Mora, Filósofo; Bernardo Soares, según ellos, autor de un libro del desasosiego; Pero Botelho y Frederico Reis, hermano del Doctor.
De pronto aparecieron hermosas muchachas, que curiosamente se mostraban muy inteligentes y entendidas en poesía y más tarde llegaron otros señores: Alexander Search, Barón de Teive, Vicente Guedes, Raphael Baldaya, A.A.Cross, Thomas Crosse, Pantaleao, Chevalier de Pas, Charles Robert Anon, Adolf Moscow y Jean Seul de Méleuret.

Desperté cerca de las siete de la mañana, tendido en un sillón, con la sensación de una gran parranda. Todo estaba limpio, ordenado y no había restos de la fiesta.
Por cierto, pensé que había sido sólo un sueño, sin embargo... por qué tenía puestos mi pantalón de paño, mi camisa blanca, además de manchada con vino, con un papel en el bolsillo, que decía:

No quiero rosas,
con tal que haya rosas.
Las quiero sólo cuando no las pueda haber.
¿Qué voy a hacer con las cosas
que cualquier mano puede coger?
No quiero la noche sino cuando la aurora
la hizo diluirse en oro y azul.
Lo que mi alma ignora
eso es lo que quiero poseer.
¿Para qué?... Si lo supiese, no haría versos
para decir que aún no lo sé.
Tengo el alma pobre y fría...
Ah, ¿con qué limosna la calentaré?...


15 octubre, 2005

LA MOCHILA

Sólo cuando fue a buscar su mochila el efecto del alcohol pareció esfumarse, mejor dicho se encontró de frente con la realidad, su mochila no estaba, alguien que viene todos los viernes, comentó Macarena, nieta del dueño del bar, ¡no es primera mochila que se llevan por equivocación!, ya han traído de vuelta más de alguna, una semana después. Para Simón era una pérdida importante, tenía allí todas sus credenciales, carné de identidad y Tarjeta universitaria, pase escolar, llaves, apuntes, libros, uno que otro objeto de uso personal. La sola idea de bloquear las credenciales, obtenerlas nuevamente y copiar las llaves le resultaba engorroso y significaba un gasto extra.

Partió temprano, el viernes siguiente, hacia el bar del abuelo de Macarena y se instaló en la barra con una cerveza helada, atento a la llegada de los tipos que se habían llevado su mochila. A eso de las 23:00 horas llegó un trío de amigos, las hermanas Sandoval acompañadas por Matías, su compañero de escuela. A Simón le gusta la hermana menor, Pamela, por eso, verla entrar, es motivo de entusiasmo.
Varias cervezas y la música, que los envuelve, es como si ella también hubiese esperado este momento. Tiene tema de conversación para romper el hielo, cuenta como decidió venir a buscar su mochila y al poco rato, la conversación los transforma en viejos amigos…
Ya de madrugada caminan abrazados hacia la casa de Simón, materializando un sueño.
Se tienden en la cama, comienzan a besarse y acariciar sus cuerpos por encima de sus ropas, al cabo de un rato, mientras ella termina de desnudarse, Simón va al baño, orina, se asea y se mira al espejo, se felicita a si mismo, de vuelta a su dormitorio la busca y ella no está.
Encima de su cama…sólo su mochila.

09 octubre, 2005

AMANTES


Con un gesto imperceptible, Adriana le pidió a su amigo que le rascara la espalda.Un par de años antes, ya siendo amantes, advirtieron que tenían la habilidad, aunque la entendían como debilidad, de permanecer abrazados sin moverse, absolutamente quietos; así concibieron la serie de cuadros plásticos, que presentaban en exposiciones de arte y en los salones de ingreso a las grandes convenciones.
Consistía en adquirir una posición amorosa y mantenerla durante un tiempo prolongado, semejando una estatua de tamaño natural. Vestían mallas y usaban maquillaje de color mármol, que les hacían ver como una gran piedra tallada.
En una ocasión, con tal de no perder un contrato, por un fuerte resfrío, Adriana llamó a una amiga para que la reemplazara, pero fue Rodrigo quien no pudo cumplir su papel, su talento, dependía de la cercanía de Adriana, desde el día en que la conoció.
Ocurrió en la primera lluvia de otoño, mientras ella corría a su automóvil, se le cayeron los libros que llevaba bajo el brazo, él se acercó a ayudarla y terminaron en un café, o mejor dicho, allí empezaron una amistad, que al cabo de un año, se había transformado en un amor tan profundo y apasionado, que se asustaban; tanto por el intenso deseo de estar juntos, como por el dolor que experimentaban al separarse.
Con voz suave, Adriana dijo: -Ráscame la espalda, a la altura de la paleta- pero no hubo respuesta.
Rodrigo llevaba varios años de matrimonio. La relación se había deteriorado, poco después del nacimiento de su segundo hijo.
El cuadro plástico, no sólo les permitía estar juntos también les reportaba dineros extras.
¡Rodrigo! gimió Adriana, no encontró respuesta. intentó rascarse y no pudo, intentó hablar nuevamente, tampoco pudo, un entumecimiento le endureció los labios, los brazos, todo. Sólo consiguió hacer un último movimiento, los ojos, para ver la mirada petrificada de Rodrigo, y no supo si lo que le impedía moverse era un abrazo sólido como la piedra o su propio cuerpo que se endurecía más y más.
Fue imposible establecer legalmente la propiedad de la estatua, así como determinar su materia prima, que si bien tenía el color del mármol, por su fina textura, más parecía marfil.
En su último pensamiento, Adriana alcanzó a comprender que con tan buena materia prima, pasaría mucho tiempo antes que necesitaran una restauración.


08 octubre, 2005

EL ÚLTIMO TREN

Corrió, lo más rápido que pudo, quedaban treintaicinco minutos para llegar, bajó las escaleras casi tropezando. Momentos antes, mientras acercaba su pase universitario al lector magnético, había escuchado llegar el tren, el último del día. En veinticinco minutos podía llegar a casa de Sofía. Hace dos semanas le había propuesto hacer el amor, ella había aceptado, sin embargo, él había estropeado tres citas y esta era la ocasión de arreglarlo todo.


El tren estaba ahí, si corría lo suficiente, lo alcanzaba. A punto de llegar, pasó a llevar a una mujer que bajaba del carro, con el golpe, algo oscuro saltó por los aires que, cuando llegó al piso, se dividió en dos. Una parte cayó a sus pies y la otra en la ranura que separaba el tren del andén. Era su teléfono móvil que, como un soldado que vuelve de la guerra, mostraba una amputación dolorosa, oscura, silenciosa.


Dejó partir ese tren, pensó en llamarla, pero la batería estaba en los rieles, en medio de 750 voltios, tan cerca y tan lejos. Caminó hasta una oficina al final de la estación, le explicó el contratiempo a un hombre gordo, sonriente y sin apuro que rió de buena gana, para sorpresa de él, y le dijo que era cuestión de suspender un momento la electricidad y sacar el aparato. Mientras caminaban, el hombre le contó la historia de una delgada joven que al subir al tren en Amsterdam, después de fumar marihuana, cayó por ese mismo borde y quedó ahí atrapada, entre tren y muro. Volada y rasmillada, rió


Pensó que se le acababa la paciencia, quiso mirar la hora en su teléfono, pero no pudo. Calculó que le quedaban unos diez minutos, mientras, el hombre se secaba las lágrimas que asomaban en su rostro congestionado por la risa y hablaba por su intercomunicador para solicitar el corte de energía.


Cuando por fin la batería estaba en su lugar, lo encendió, vio la hora; se le había terminado el tiempo, ella debía estar esperándolo una vez más. Lentamente subió las escaleras, salió a la Alameda y dejó atrás la estación. Comenzaba a lloviznar, más allá los niños de la noche mendigaban. A lo lejos divisó un bus que llegaba hasta su casa, estuvo a punto de correr y alcanzarlo, pero por algún motivo, decidió que era una buena noche para caminar.


04 octubre, 2005

EL OTRO MURO


¡Vamos a rayar socio! ¡Vamos!, dijo Tomás, con una cara de entusiasmo, que, su padre hubiese querido ver, cuando lo mandaba a hacer sus deberes.
Pintar en un muro, era lo único que realmente le gustaba; ir con los amigos a dibujar sus seudónimos "con estilo", (como decía Santiago, su socio, también de 15 años), y ser reconocido, hasta que viniera otro y firmara su propia fama, también de incierta duración.
Los dibujos tenían algo de artístico y en ocasiones decoraban las calles y avenidas, pero lo importante no era la estética, aunque se esforzaban en ello, el sentido era estar en la pared, "presente y con estilo".
Como Char, se sentía un tipo audaz, a la moda, divertido; mientras que como Tomás, debía ir cada mañana al colegio, obligado a hacer simulacros de formalidad. Jorge, su padre, era un tipo flexible. Mientras mantuviera buenas calificaciones en el colegio, le permitía expresar su identidad y en ocasiones hasta le “auspiciaba” como decía Tomás, con el dinero para comprar una lata de pintura spray.
¿Qué pared? preguntó Tomás, -una cerca de mi colegio, dijo Santiago, conocido como Drako entre sus amigos, ¿Y los locos de ahí, no se pondrán brígidos? La hacemos corta- dijo Drako, tengo permiso del dueño de casa - agregó.
Esa tarde, Tomás se aseguró que su padre viese su dedicación al estudio y luego, le pidió dinero para comprar una lata de pintura
Al padre, no le gustaba la idea de que su hijo adhiriera al movimiento Hip-Hop, pero pensaba que contradecirlo era peor, de modo que negociaba con él, teniendo casi la certeza, que una vez en la universidad, su gustos y amistades irían cambiando como todos los jóvenes, incluyéndolo a él, que le tocó vivir la época Hippie, que en Chile, coincidió con un momento de cambios sociales y políticos; ideales y sueños, que Jorge, siente le fueron arrebatados, como a muchos de sus compatriotas.
Jorge no sabe como llegó hasta acá, pero hoy, miembro del Directorio de una importante empresa, quiere lo mejor para sus hijos. Entonces cómo no entender a Tomás, él es un buen estudiante, un buen hijo, aunque Jorge siente un poco de angustia, que ande rayando por ahí...
Llegaron casi al mismo tiempo a la esquina, se saludaron y sin demora se encaminaron a la tienda a comprar unas latas de pintura, Drako comentó a Char que debían actuar rápido porque prefería que no los vieran los muchachos del lugar, ya que podrían ser poco amistosos si los sorprendían pintando.
A la misma hora, Jorge asistía a una importante junta. Allí estaban sentados junto a él los demás miembros del Directorio, En medio de la reunión pensó en Tomás, y fue en ese momento, cuando su mente lo llevó a retroceder treinta años: se encontró frente a una pared, con otros brigadistas, pintando propaganda, para las elecciones de la Central Única de Trabajadores. Era de noche, se habían cubierto la cara con pañuelos para no ser reconocidos, la instrucción era bajarse del camión e ir blanqueando los espacios que el líder marcaba con un borde rojo, luego subirse rápido al camión y partir a buscar otra muralla. Era prodigioso ver como aparecía, casi mágico, el nombre del candidato “ALARCÓN” cada vez que terminaban la operación. De pronto el líder de la brigada, gritó ¡al suelo! Y empezaron a retumbar los balazos desde un camión del bando contrario.
¡Jorge! Dijo el que estaba a su lado, ¿Usted qué opina? Jorge vio lo ojos de uno de los directores escrutándolo e inmediatamente argumentó: necesito estudiar un poco más algunos antecedentes para tener una opinión absolutamente responsable…
Tomás palmeó la espalda de Santiago, de lejos miraron el Graffiti con orgullo y se fueron a comprar refrescos.
Char y Drako se quedaron orgullosos, por un tiempo, pegados a la pared.