BIENVENIDO AL MUNDO DE LOS SUEёOS, DE LAS HISTORIAS QUE NACEN DE LA VIDA COTIDIANA, LA SOLEDAD Y LA FANTASÍA

18 diciembre, 2005

EL LIMONERO


El hombre tomó el cinturón más grueso, salió al patio y con todas sus fuerzas azotó el árbol. Se trataba de un limonero que no daba limones. Un jardinero que trabajaba ocasionalmente en la casa cortando el césped se lo había sugerido:-Péguele fuerte, demuéstrele enojo, amenácelo con sacarlo, va a ver que muy pronto le da-
Después de golpearlo aparentando ira, lo amenazó.
Pasaron varios días, y una de esas noches, el hombre tuvo un sueño; en él, el limonero aparecía con nueve flores. Al levantarse salió al patio y con asombro comprobó la existencia de flores abriendo. ¡Bien!, dijo, dirigiéndose al limonero. Para sorpresa del hombre, éste le respondió:
- No esperes que de limones-
Repuesto de la sorpresa el hombre preguntó:
¿Por qué lo dices?
Porque la higuera de la casa del lado no me lo permite, respondió el limonero.
¿Cómo así? Preguntó el hombre, si esa higuera es pequeñita.
Se trataba de una higuera que se encontraba detrás de una pequeña pandereta de un metro y medio de alto, plantada a un metro de distancia, poco tiempo antes, por la esposa del vecino.
Porque es hembra y está plantada por la mujer, dijo el limonero.
¿Y que hay con eso? preguntó el hombre.
La voluntad de tu vecina es férrea y la higuera trae esa voluntad, dijo el limonero. Además, cuando crezca me dará sombra y me quitará minerales de la tierra agregó.
¡Pamplinas! Dijo el hombre.
¡No! Dijo el limonero, por lo demás las higueras tienen poderes mágicos, recuerda que florecen en la noche de San Juan.
-Excusas- exclamó el hombre, verás que en un par de días tendrás limones, diciendo esto, entró a la casa.
Una semana después, el limonero había perdido las flores.
El hombre nuevamente lo increpó, amenazó con sacarlo y lo azotó. El limonero esta vez no contestó.
Pasó el tiempo y el limonero seguía igual, daba lindas hojas, a veces una cuantas flores, que duraban unos días y caían.
El hombre se resignó, se olvidó, perdió el interés.
Un año después, el hombre se acercó al limonero, se veía dañado, apestado. En cambio la higuera era un gran árbol, sus ramas invadían el espacio aéreo del limonero, los higos caían en su patio, al hombre le fue indiferente, no le gustaba comer higos, y cuando necesitaba limones, compraba.
Tiempo después, decidió sacar el limonero. No le costó, estaba seco y sus pequeñas raíces, se soltaron con facilidad.
Las ramas de la higuera, que se convirtió en un gran árbol, invadían el patio del hombre, le daban sombra y los higos seguían cayendo. Se acostumbró a convivir con la higuera, cada cierto tiempo podaba las ramas que daban a su patio, y cada noche de San Juan, salía a verla florecer. Nunca lo logró, para él no fue mágica.

Unos años después, cuando murió su querido gato, lo enterró en el lugar del limonero, con sus manos empezó a cavar, la tierra se abría al contacto de sus dedos. Algunas lágrimas aparecieros en sus ojos, quizás por la cercanía que tenía con el animal o talvez por el dolor que le producían las heridas que iban apareciendo en el borde de sus uñas. Puso unas piedras señalando el lugar.
Allí cada cierto tiempo, brota una flor silvestre.

1 Comments:

Blogger Angélica said...

Hace poco escuche una historia de un hombre que azoto su arbol pues no le daba naranjas y esta historia se convirtio en leyenda. Me has sacado unas cuantas carcajadas con tu manera narrar, es tan sencillo que siento cierta tranquilidad. Gracias!

lun. dic. 19, 10:49:00 p. m. 2005  

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