BIENVENIDO AL MUNDO DE LOS SUEёOS, DE LAS HISTORIAS QUE NACEN DE LA VIDA COTIDIANA, LA SOLEDAD Y LA FANTASÍA

14 enero, 2006

EL JARDINERO

Había terminado de almorzar hacía poco rato, cuando escuché una voz proveniente de la calle, repetía ¡aló! Me asomé, y fue la primera vez que lo vi, era un hombre de mediana estatura, con barba de tres días, se veía fuerte aunque un poco gordo, su cara bonachona me dio confianza. Abrí la reja y me contó una triste historia, llevaba ocho meses sin trabajo. Finalmente me pedía le diera cualquier tarea a cambio de dinero para el bus. –Le pico la tierra a las plantas- dijo el hombre, -Está bien- le dije.
Mientras trabajaba le calenté un plato de arroz con algo de carne, piqué unos tomates y le llevé almuerzo.
Un rato después, había terminado el trabajo, bastante bien, se notaba que había trabajado con ganas.
Unas semanas después apareció, sin preguntarme picó la tierra de las plantas, me pidió una escoba, entonces aprovechó de preguntarme si tenía máquina cortadora de pasto, argumentó que él podría cortar el pasto y yo podía darle el dinero que estimara.
Recuerdo que poco tiempo antes, había adquirido una máquina cortadora de pasto y unas tijeras, para turnarme el trabajo con mis hijos, y así ahorrar el dinero del jardinero.
Está bien, dije unas vez más.
Se notaba que no era su rubro. Le fui enseñando a hacer el trabajo, el uso de las tijeras, la limpieza; le asigné un valor en dinero (en ese momento pensé era bajo, pero posteriormente hablando con jardineros que habitualmente se desenvuelven en eso, pude comprobar que fui generoso).
Pasaron dos años en que apareció quincenalmente, en el intertanto, fue encontrando nuevos clientes, se compró sus tijeras, y aunque en ocasiones pedía prestada nuestra máquina, al tiempo compró la suya.
Durante esa época, aparecía cualquier día y me solicitaba le adelantara un porcentaje de su paga. En todas esas ocasiones se demoró en volver a trabajar.
Un día llegó pidiéndome le adelantara el total del dinero, porque debía cambiarse de casa. Le pasé el dinero.
Nunca más volvió, nunca más lo vi; una vecina lo vio en un supermercado, le preguntó cuando vendría a mi casa, a lo que, según mi vecina, él respondió: -Me he portado mal, uno de estos días iré-
Volvimos a los turnos con mis hijos.
Así, estaba cortando el pasto un sábado en la mañana, cuando pasó una mujer, de edad mediana, era morena bajita, muy graciosa, con una brillante cabellera, que caía delicadamente sobre su hermosa figura. Se detuvo y dijo: -Maestro, tiene tiempo disponible para que me atienda el jardín.
No quise sacarla de su engaño, quizás por hacer una broma o por entablar conversación, me cuesta precisarlo, el caso es que anoté su dirección y acordamos el domingo en la mañana.
Si quiero ser franco, debo decir que nunca pensé hasta donde llevaría la broma, soy contador auditor, y tengo un buen trabajo, lo que trato de decir es que nunca se me pasó por la cabeza cobrarle, llegado el momento, le diría: -No se preocupe vecina, fue un gusto- o algo parecido, y entablaría una conversación divertida. Eso es lo que pensé, o lo que pienso que pensé.
Llegué el día siguiente a su casa, me hizo pasar al patio, una pequeña piscina, con forma de riñón, de tres metros de largo, rodeada de un hermoso pasto, que necesitaba urgente un corte. Me dijo que empezara, que ella estaba ocupada, que después volvería a ver como estaba quedando.
Quince minutos después, apareció en el lugar, luciendo un pequeño Bikini, que dejaba poco para la imaginación, estiró una toalla sobre una silla de playa, y se tendió a leer. Pasaron unos minutos y me dirigió la palabra: -¿Quieres ponerme bloqueador en la espalda?-
Fui al grifo del jardín, enjuagué bien mis manos y mientras me acercaba, me di cuenta que desde el principio, mi fantasía había sido ella.
Le puse el bloqueador, su espalda era suave, seguí con un corto masaje, ella en un momento me tomó del cuello y me atrajo hasta sí.
Mientras me besaba, dijo:-Termina de cortar el pasto y vamos a mi habitación.
Me gustó la idea, hice el trabajo, no me tomó más de cuarenta y cinco minutos, me lavé un poco manos y cara, y fui hasta ella. Eres muy fuerte dijo, mientras pasaba sus manos por mis muslos. Me cogió de una mano y me llevó a su dormitorio, nos abrazamos, y en ese momento sonó su teléfono. Después de colgar dijo: -Es mi esposo, se suponía que se iba de viaje pero algo falló, debes irte rápido- No fui capaz de articular palabra.
-¿Cuánto te debo?- Preguntó.
Por un instante me paralicé, lo único que atiné a decir fue la misma cifra que le pagaba a mi jardinero. De un cajón sacó el dinero, mientras me lo entregaba dijo: -Espero que vengas a hacer el jardín otro día, déjame tu número de teléfono, ah, y tu nombre.
En el papel que me pasó, anote un número y nombre ficticio, no quise verme envuelto en un problema.
Tomé mis cosas y me fui lo más rápido que pude.
No puedo quejarme, gané un poco de dinero que no esperaba, viví una experiencia emocionante con la broma y el encuentro breve con la hermosa mujer.
Sólo me quedó dando vueltas una idea: debí haber “aprendido” del ejemplo de mi jardinero y en el momento en que llegué a su casa, tendría que haberle pedido un adelanto.

1 Comments:

Blogger En el bosque encantado... said...

me reí mucho
jaja
esto de los intercambios
jaja
y además... todo lo que hgas por el prójimo se devolverá... para bien o para mal... dicen que siempre pasa

mié. ene. 25, 06:01:00 p. m. 2006  

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