BIENVENIDO AL MUNDO DE LOS SUEёOS, DE LAS HISTORIAS QUE NACEN DE LA VIDA COTIDIANA, LA SOLEDAD Y LA FANTASÍA

08 febrero, 2006

CARTA DE AMOR I

Querida María Luisa:

Te escribo la presente, aunque nunca te la haga llegar, para decirte que fuiste muy injusta al alejarte de mí, y dejarme con esta gran pena en el alma.
Cuando te fuiste a estudiar a la universidad, en una región del país, a ochocientos kilómetros de la capital, casi todos nuestros amigos y conocidos, opinaron que era imposible mantener una relación a la distancia, que tarde o temprano nos aburriríamos y terminaríamos emparejándonos cada uno con otra persona, de nuestras respectivas ciudades de residencia.
Es verdad que nos prometimos amor eterno, antes que te fueras y en las cartas que nos enviamos, especialmente las del primer año, sin embargo, cuando volviste en las primeras vacaciones, ya no eras la misma, te creías la gran cosa porque te nombró ayudante tu profesor, ese tan joven para ser tan experto, ese que, decías, reconocía todo tu talento; sé que te enamoraste de él, lo supe el primer día que lo mencionaste. Claro que me morí de celos, y no quise decirte nada, por dignidad, aunque ese día supe que te había perdido.
Después volviste, ya Ingeniera, aunque jamás imaginé que te volverías a ir, esta vez a Nueva York, a estudiar becada, Economía y Negocios.
Una vez más me dijiste que me amabas y que volverías para casarte conmigo, y nuevamente las cartas y las opiniones de nuestros amigos, pronosticando el fin de nuestra relación.
Entonces me hablaste del tal Edwards, tan brillante y simpático el gringo. Tampoco esta vez te comenté mis celos, me los guardé, porque creo que los celos son el peor sentimiento, y que comunicarlos es fatal para el que los siente, lo degrada.
Tengo que confesarte que te mentí cuando te dije que quemé tus cartas, recuerdo dijiste que había quemado parte de nuestro pasado, la verdad aún las conservo, de vez en cuando las leo y pienso en cómo te las contestaría con la experiencia que hoy tengo, especialmente la última, esa en que me decías que al terminar la beca, te quedarías trabajando con el gringo en Estados Unidos.
Pensé que esa era la pena más grande que podía sentir en la vida, que te odiaría para siempre, no fue así.
Sin embargo, si te escribo hoy, es porque todavía te amo, creo que nunca dejaré de hacerlo.
No sé si alguna vez habrías vuelto a mi vida, si habríamos tenido esos hijos que soñamos, y la única forma de demostrarte mi amor, es decirte que cuando se estrellaron esos aviones en las torres gemelas, recé para que no estuvieras allí.

1 Comments:

Blogger Angélica said...

No se cual me ha gustado mas.... si la que esta en letras negra o las verdes... creo que me gusta mas la de letras verdes por el sello de la locura plasmada en los trazos.

lun. feb. 13, 02:34:00 p. m. 2006  

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